Hisako Koyama, la joven que observaba el cielo

Hisako Koyama, la joven que observaba el cielo

Las manchas solares fueron descritas, secuenciadas y dibujadas por primera vez por la joven astrónoma amateur Hisako Koyama.
Una historia inspiradora que nos demuestra, como mencionó Alex Gendler en el cortometraje sobre Koyama, que la ciencia no solo se crea con increíbles descubrimientos, sino que también con una observación meticulosa del mundo que nos rodea.

(Ilustraciones por Martina Meštrović)

En la primavera japonesa de 1944, Tokyo fue objetivo de varios ataque aéreo por parte de tripas Aliadas. Esto llevó a la población a encerrarse en sus hogares.

La entonces joven Hisako Koyamade 28 años, tomó este encierro como una oportunidad para observar el cielo desde la ventana.

Cubierta con un futón sobre su cabeza como protección, contempló noche y día el cielo buscando reconocer todo tipo de fenómenos astronómicos con su telescopio amateur.

Un día apuntó con su telescopio hacia el sol y descubrió que podía plasmarlas variaciones de luz y machas solares sobre un papel, a partir de las luces y sombras que se filtraban por el telescopio.

Así comenzó a bocetar los cambios que observaba en la superficie del sol, con una constancia diaria. A pesar de no contar con formación académica, sus observaciones fueron precisas y marcaron el comienzo de uno de los registros más importantes de actividad solar en la historia de la humanidad.

Años más tarde, su trabajo recibió el reconocimiento y apoyo de la Asociación Astronómica Oriental y fue invitada a visitar el Museo de Ciencia de Tokyo, donde pudo continuar con sus observaciones, pero esta vez con un telescopio profesional.

Así, durante 40 años, trabajó todos los días y realizó más de 10.000 bocetos de la superficie solar.

Gracias al registro de Koyama se pudo seguir con precisión el recorrido de las manchas en un período de tiempo específico.  Este grado de precisión llevó a poder indicar en tiempo real la actividad magnética solar, lo que permitió rastrear otro tipo de fenómenos solares como las erupciones solares, capaces de provocar daños en estaciones y satélites espaciales, por lo que resulta fundamental poder predecirlas y rastrearlas.

 

La historia de Hisako Koyama demuestra que la ciencia no solo está hecha de enormes descubrimientos, sino que yace en cada pequeña observación del mundo que nos rodea.